Después de unos meses sin una idea para desarrollar, he
decidido publicar algo que directamente recae sobre mi vida en los últimos
años. Utilizaré dos vías, la personal y la general, en lo referente a personas
optimistas y pesimistas.
Demasiadas veces he escuchado a las personas de mi entorno
referirme a mí cómo una persona pesimista. De ante mano, no comparto que ésta
sea una característica que pueda definirme. Por ello, definiré ambos términos.
El optimismo se caracteriza por una
tendencia a confiar en que el futuro sea favorable, afrontar las dificultades
con buen ánimo y perseverancia sacando los aspectos positivos.
Los pesimistas mantienen una mirada
negativa sobre la vida, las situaciones que suceden a su alrededor.
¿Qué es
mejor? ¿Qué es lo ideal?. Si nos excedemos en el optimismo, podríamos incurrir
en el “sesgo positivo”, es decir, que nuestras ideas lleguen a un extremo de
POSITIVISMO completamente irreal o imaginario. Si nos excedemos en el
pesimismo, rozaríamos o nos adentraríamos en la línea depresiva, tan
perjudicial. A veces optimistas y pesimistas se equivocan. El optimista puede
convertirse en iluso, llegando a construir castillos en el aire. El pesimista
en cambio, tiene los ojos en el cielo, pero los pies en la tierra. Hay quien
diría que un pesimista es: UN OPTIMISTA CON EXPERIENCIA
En lo que a mí respecta, nunca me he
excedido en ser optimista, y tampoco en ser pesimista. No pienso que todo pueda
ir bien, ni confío en la facilidad de la vida. Pero tampoco pienso que todo sea
negativo. A la hora de tomar decisiones, abro el abanico de posibilidades, y señalo
las ventajas y desventajas de cada punto, sin embargo… aún así, a veces no se
conoce qué es lo mejor, de ahí que se llame “DECISIÓN”, o “ACCIÓN”.
Este desequilibrio que provoca el “desconocimiento”,
me provoca malestar. El malestar lo transmito a las personas que están a mi alrededor,
que son las que me llaman pesimista (lo cual no me ayuda lo más mínimo) cuándo
de lo que sufro es de: INSEGURIDAD, “miedo” si se prefiere, de equivocarme.
Estoy estudiando psicología, ¿Cómo puede
alguien que estudia tal carrera sentirse tan insegura en los ámbitos de la
vida?:
1. Estudiar psicología
no me da un super-poder para aliviar todas mis emociones, sigo siendo persona.
2. La
situación actual del país (falta de trabajo, crisis económica, crisis social,
crisis intelectual…) nos ha llevado a un retroceso en todos los ámbitos y nos
vuelve a recordar que el camino hacia la “calidad de vida” es cada vez más
inestable.
3. Llevar
sobre tus hombros la responsabilidad de “formar y conformar tu propia vida”,
ver que éste es el inicio de un despliegue de alas para volar aún no se sabe en
qué dirección, genera también inseguridad, en tanto en cuanto ¿lo estaré
haciendo bien?.
No creo
que ninguna de éstas cosas tenga que ver con el pesimismo, sino con el CONOCER
y VALIDAR, las diferentes posibilidades. Quizá la cuestión sea: que pienso
demasiado.
Y digo “la
cuestión es”, no “el problema es”. Pienso demasiado, porque veo diferentes
direcciones, y el hecho de verlas, me hace tener acceso a ellas.
Un
pesimista, verá la crisis económica como una amenaza, un optimista, verá la
crisis como una oportunidad, como algo que acabará saliendo flote. Pero ¿a caso
no es una amenaza?, en caso de que sea cierto que la situación mejore, ¿NO ES
EL PRESENTE LA CRUDA REALIDAD DE LA DIFICULTAD QUE NOS ACECHA? ¿Ser conscientes
de esto nos convierte en negativos?
Si un
padre de familia en su reflexión interna deduce: hay que trabajar, sin trabajo
no hay dinero, sin dinero no hay comida, sin comida no podemos vivir. Son
cuestiones negativas, QUE TODOS TENDREMOS EN NUESTRA VIDA EN ALGUNA OCASIÓN, y
en las que hay que pensar. Tenerlas presentes, es una ley y una necesidad.
Y si de
algo estoy convencida es que, no considerarlas, sería de ilusos….
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