viernes, 7 de diciembre de 2012

FELICIDAD


Quizá lo que convierte a las personas en infelices es su reiterada búsqueda de la felicidad.

El ser humano tiene un empeño sobrenatural en conseguir éste fin. En ésta búsqueda, reaparece en la mente todo aquello que perturba esta meta. En muchos casos, las personas se aferran a esas palabras baratas denominadas “auto ayuda”, esperando conseguir la clave o “pócima” que les lleven a alcanzarla.
Buscan esa felicidad, y la esperan “quizá cuando acabe mis estudios, quizá con una botella de whisky, quizá cuando cambie de trabajo,  quizá cuando le vea, quizá cuando vuelva o cuando se vaya, quizá cuando me case, quizá con éste niño…”

Olvidándose de la felicidad como travesía, y utilizándola como destino.

En mi corto recorrido he comprendido que no hay camino hacia la felicidad. La felicidad es el camino. Aprendí a tratar a la felicidad como una “falsa creencia” o sin más, como “utopía”.
Yo prefiero hablar de “estados de bien estar”, entendiendo como “estado” situación de algo o alguien en un momento presente.

Juntamos así “estado” (emoción) y “contexto” (momento, situación)…. Ambos conceptos son variables, y si juntos interaccionan para dar lugar a la felicidad, parece obvio que ésta sea tan difícil (a mi parecer imposible) encontrarla de forma plena.   

Pero existen momentos que te sacan la sonrisa y te hacen descansar el alma, momentos de ilusión, de euforia, momentos bonitos en forma discontinua, y en su discontinuidad, constantes.  “Estados de bien estar”  que se truncan con los retos y las inseguridades, con las duras pruebas de duelo, o con la mera insatisfacción, aspectos más que necesarios para que nuestra cabeza evolucione y la experiencia se enriquezca, aspectos más que necesarios para que cuando ese estado de bien estar llegue, sepan reconocerlo y apreciarlo. COSAS DE LA VIDA.

No contemplo la felicidad con el tiempo, el tiempo no espera a nadie, y no hay mejor momento para ser feliz que AHORA. 

jueves, 11 de octubre de 2012

OPTIMISMO Y PESIMISMO


Después de unos meses sin una idea para desarrollar, he decidido publicar algo que directamente recae sobre mi vida en los últimos años. Utilizaré dos vías, la personal y la general, en lo referente a personas optimistas y pesimistas.
Demasiadas veces he escuchado a las personas de mi entorno referirme a mí cómo una persona pesimista. De ante mano, no comparto que ésta sea una característica que pueda definirme. Por ello, definiré ambos términos.
El optimismo se caracteriza por una tendencia a confiar en que el futuro sea favorable, afrontar las dificultades con buen ánimo y perseverancia sacando los aspectos positivos.
Los pesimistas mantienen una mirada negativa sobre la vida, las situaciones que suceden a su alrededor.
¿Qué es mejor? ¿Qué es lo ideal?. Si nos excedemos en el optimismo, podríamos incurrir en el “sesgo positivo”, es decir, que nuestras ideas lleguen a un extremo de POSITIVISMO completamente irreal o imaginario. Si nos excedemos en el pesimismo, rozaríamos o nos adentraríamos en la línea depresiva, tan perjudicial. A veces optimistas y pesimistas se equivocan. El optimista puede convertirse en iluso, llegando a construir castillos en el aire. El pesimista en cambio, tiene los ojos en el cielo, pero los pies en la tierra. Hay quien diría que un pesimista es: UN OPTIMISTA CON EXPERIENCIA

En lo que a mí respecta, nunca me he excedido en ser optimista, y tampoco en ser pesimista. No pienso que todo pueda ir bien, ni confío en la facilidad de la vida. Pero tampoco pienso que todo sea negativo. A la hora de tomar decisiones, abro el abanico de posibilidades, y señalo las ventajas y desventajas de cada punto, sin embargo… aún así, a veces no se conoce qué es lo mejor, de ahí que se llame “DECISIÓN”, o “ACCIÓN”.
Este desequilibrio que provoca el “desconocimiento”, me provoca malestar. El malestar lo transmito a las personas que están a mi alrededor, que son las que me llaman pesimista (lo cual no me ayuda lo más mínimo) cuándo de lo que sufro es de: INSEGURIDAD, “miedo” si se prefiere, de equivocarme.
Estoy estudiando psicología, ¿Cómo puede alguien que estudia tal carrera sentirse tan insegura en los ámbitos de la vida?:

1.       Estudiar psicología no me da un super-poder para aliviar todas mis emociones,  sigo siendo persona.
2.       La situación actual del país (falta de trabajo, crisis económica, crisis social, crisis intelectual…) nos ha llevado a un retroceso en todos los ámbitos y nos vuelve a recordar que el camino hacia la “calidad de vida” es cada vez más inestable.
3.       Llevar sobre tus hombros la responsabilidad de “formar y conformar tu propia vida”, ver que éste es el inicio de un despliegue de alas para volar aún no se sabe en qué dirección, genera también inseguridad, en tanto en cuanto ¿lo estaré haciendo bien?.

No creo que ninguna de éstas cosas tenga que ver con el pesimismo, sino con el CONOCER y VALIDAR, las diferentes posibilidades. Quizá la cuestión sea: que pienso demasiado.
Y digo “la cuestión es”, no “el problema es”. Pienso demasiado, porque veo diferentes direcciones, y el hecho de verlas, me hace tener acceso a ellas.

Un pesimista, verá la crisis económica como una amenaza, un optimista, verá la crisis como una oportunidad, como algo que acabará saliendo flote. Pero ¿a caso no es una amenaza?, en caso de que sea cierto que la situación mejore, ¿NO ES EL PRESENTE LA CRUDA REALIDAD DE LA DIFICULTAD QUE NOS ACECHA? ¿Ser conscientes de esto nos convierte en negativos?

Si un padre de familia en su reflexión interna deduce: hay que trabajar, sin trabajo no hay dinero, sin dinero no hay comida, sin comida no podemos vivir. Son cuestiones negativas, QUE TODOS TENDREMOS EN NUESTRA VIDA EN ALGUNA OCASIÓN, y en las que hay que pensar. Tenerlas presentes, es una ley y una necesidad.
Y si de algo estoy convencida es que, no considerarlas, sería de ilusos….

martes, 15 de mayo de 2012

¿Actuamos desinteresadamente?


Tan importante es tener buenas ideas, como saber renovarse en las ya existentes. Por eso, quiero retomar un tema que tiempo atrás me causó interés, y quiero exponerlo de forma diferente. Con mis propias palabras, con mi propio sentir.
El altruismo es preocuparse y ayudar a otros sin pedir nada a cambio; es dedicarse a los demás sin considerar de forma consciente los intereses propios. Mientras que la “conducta prosocial” es una conduca social positiva con o sin motivación altruista.

Dicho esto, podemos preguntarnos ¿existe el altruismo?, ¿actuamos sin considerar nuestros intereses? ¿pedimos algo a cambio?, o de lo contrario ¿tiene nuestra conducta algún interés enmascarado? (o subyacente, si lo preferís…).

Yo considero que en efecto, no actuamos de forma altruista. ¿Qué ocurre con aquellas personas que no pueden tener hijos? Pueden sentir frustración, tristeza, ansiedad, e incluso si esas personas tienen pareja, podría conllevar a la destrucción de la relación. Por lo que podemos considerar  que los hijos se tienen con una finalidad clara: procrear, tener descendencia y así una satisfacción propia. Teniendo hijos, adquirimos responsabilidades que nos hacen sentirnos útiles (principio fundamental del ser humano) como sacar adelante y cuidar a nuestros hijos. Por lo tanto, actuamos por nuestro propio interés.

Pongamos otro ejemplo, vamos en el autobús y sube una mujer anciana que apenas puede andar, podemos esperar a que se levante otro a cederle el sitio, o hacerlo nosotros mismos. Si nos levantamos a cederle el sitio…. ¿es eso una conducta altruista, desinteresada y sin esperar nada a cambio?, desde mi punto de vista no. Sentimos cierto confort al hacerlo, sentimos que hemos actuado bien, ¡y ese es el interés! Evitar el sentimiento de culpa o incomodidad de saber que no has hecho algo como lo tenías que hacer. Ese es otro interés propio.

Señores…. Ahora pregunto, ¿El amor es altruista? ¿Amamos desinteresadamente?, pues la mayoría de la gente no. El amor puro, como tal, es un sentimiento que nace en nosotros los humanos y que destrozamos por empeñarnos en conseguir “ese algo a cambio”. Pero siempre buscamos en él  la recompensa (que nos amen, que nos escuchen, que nos atiendan, que se interesen por nosotros, que nos ayuden, que nos apoyen) el amor está lleno de condiciones que nosotros mismos establecemos por una sencilla razón: NO SOMOS ALTRUISTAS.  Cuando el amor no satisface nuestros intereses propios se llama: desamor, mal de amores…..etc, pero no AMOR. Amar es dar sin esperar nada a cambio, por el simple hecho de que tenemos la capacidad y la virtud de amar. Hay quien lo llamaría conformismo, pero no, esto es generosidad, la generosidad que va implícita en el altruismo, un altruismo que no existe, o que pretendemos enmascarar.

viernes, 24 de febrero de 2012

Si los padres se vuelven amigos..¿entonces los amigos serán los padres?


Todos hemos escuchado alguna vez eso de que muchos padres quieren o pretenden ser amigos de sus hijos, otros tantos, están seguros de serlo. Esto se ha convertido en el ideal o meta de padres y madres.
El modelo paternal, en la antigüedad era un símbolo de autoridad y respeto con el que ahora se intenta romper, por medio de la palabra “amistad”. ¿A caso buscan la amistad de sus hijos por no considerarse capaces de llevar a cabo un rol de autoridad, sin que ello conlleve la pérdida de la confianza entre ambos?, ¿Ser amigos de sus hijos es un recurso desesperado por llevar a cabo una educación apropiada? ¿Se podría considerar así una debilidad? ¿Quizá un complejo?, Sí acatar que ser “amigo de un hijo” es lo correcto y lo ideal ¿conlleva que ser padre, teniendo así un rol diferenciado, es poco correcto o escaso?.
El hecho de que la amistad no sea posible en este ámbito que presento,  no excluye que exista una buena relación y confianza entre ambos. Sin embargo es más fácil buscar “ser amigo de un hijo” que esmerarse por establecer límites y normas, educar desde el respeto, demostrar cariño, saber decir NO, ser empáticos, llevar a efecto una comunicación bidireccional. Considero que “flexibilizar” en esto, buscando una amistad que nunca se podrá dar, además de una pérdida de tiempo, es un riesgo para la educación de los menores. Éstos necesitan una pauta a seguir, un ejemplo, y con él, sentirse seguros. Gracias a la diferencia de estatus, el niño podrá cooperar y obedecer, viendo a una persona superior en experiencia, capacidad y potestad.
Los adolescentes, necesitan ver a sus padres con prestigio, pues la mejor forma de acercar distancias es a través de “la admiración”. También es necesario romper con “tabúes” fomentando la libertad de los mismos a hablar de temas de forma espontánea, sin embargo, no lo olviden, necesitan su intimidad, y es lógico que en ocasiones haya cosas que prefiera no contar, y desde un punto de vista personal, considero que hay otras tantas cosas que a los padres no les gustaría escuchar.
Que los niños se acerquen a los padres y tengan con ellos confianza, depende de la calidad y cantidad de tiempo que se les dedique, no de la informalidad con que se traten.
Finalmente, añado algo que un día escuché y me resultó muy cierto: si quieren ser amigos de sus hijos, dejarán a sus hijos huérfanos.

También es necesario acudir a un proverbio chino que dice “Que mis hijos hasta los diez años me reverencien, hasta los veinte me respeten y hasta la muerte me amen”
Al principio verán a los padres como un ser superior, con una labor minunciosa lograrán que en la adolescencia los vean con admiración, y posteriormente, ya en la adultez, los lazos serán más igualitarios, la confianza habrá crecido, será el momento en el que comprenderán que un padre o madre, también puede ayudar, y no dudarán en recurrir a ellos. Esto es lo más parecido a la amistad, pero todo lleva un proceso, y buscar algo tan tardío en un momento tan inicial, puede resultar en un fracaso completo.