Quizá lo que convierte a las personas en infelices es su
reiterada búsqueda de la felicidad.
El ser humano tiene un empeño sobrenatural en conseguir éste
fin. En ésta búsqueda, reaparece en la mente todo aquello que perturba esta
meta. En muchos casos, las personas se aferran a esas palabras baratas
denominadas “auto ayuda”, esperando conseguir la clave o “pócima” que les
lleven a alcanzarla.
Buscan esa felicidad, y la esperan “quizá cuando acabe mis
estudios, quizá con una botella de whisky, quizá cuando cambie de trabajo, quizá cuando le vea, quizá cuando vuelva o
cuando se vaya, quizá cuando me case, quizá con éste niño…”
Olvidándose de la felicidad como travesía, y utilizándola
como destino.
En mi corto recorrido he comprendido que no hay camino hacia
la felicidad. La felicidad es el camino. Aprendí a tratar a la felicidad como
una “falsa creencia” o sin más, como “utopía”.
Yo
prefiero hablar de “estados de bien estar”, entendiendo como “estado” situación de algo o alguien en un momento
presente.
Juntamos
así “estado” (emoción) y “contexto” (momento, situación)…. Ambos conceptos son
variables, y si juntos interaccionan para dar lugar a la felicidad, parece
obvio que ésta sea tan difícil (a mi parecer imposible) encontrarla de forma
plena.
Pero existen momentos que te sacan la sonrisa y te hacen
descansar el alma, momentos de ilusión, de euforia, momentos bonitos en forma
discontinua, y en su discontinuidad, constantes. “Estados de bien estar” que se truncan con los retos y las
inseguridades, con las duras pruebas de duelo, o con la mera insatisfacción,
aspectos más que necesarios para que nuestra cabeza evolucione y la experiencia
se enriquezca, aspectos más que necesarios para que cuando ese estado de bien
estar llegue, sepan reconocerlo y apreciarlo. COSAS DE LA VIDA.
No contemplo la felicidad con el tiempo, el tiempo no espera
a nadie, y no hay mejor momento para ser feliz que AHORA.


