
Todos hemos escuchado alguna vez eso de que muchos padres quieren o pretenden ser amigos de sus hijos, otros tantos, están seguros de serlo. Esto se ha convertido en el ideal o meta de padres y madres.
El modelo paternal, en la antigüedad era un símbolo de autoridad y respeto con el que ahora se intenta romper, por medio de la palabra “amistad”. ¿A caso buscan la amistad de sus hijos por no considerarse capaces de llevar a cabo un rol de autoridad, sin que ello conlleve la pérdida de la confianza entre ambos?, ¿Ser amigos de sus hijos es un recurso desesperado por llevar a cabo una educación apropiada? ¿Se podría considerar así una debilidad? ¿Quizá un complejo?, Sí acatar que ser “amigo de un hijo” es lo correcto y lo ideal ¿conlleva que ser padre, teniendo así un rol diferenciado, es poco correcto o escaso?.
El hecho de que la amistad no sea posible en este ámbito que presento, no excluye que exista una buena relación y confianza entre ambos. Sin embargo es más fácil buscar “ser amigo de un hijo” que esmerarse por establecer límites y normas, educar desde el respeto, demostrar cariño, saber decir NO, ser empáticos, llevar a efecto una comunicación bidireccional. Considero que “flexibilizar” en esto, buscando una amistad que nunca se podrá dar, además de una pérdida de tiempo, es un riesgo para la educación de los menores. Éstos necesitan una pauta a seguir, un ejemplo, y con él, sentirse seguros. Gracias a la diferencia de estatus, el niño podrá cooperar y obedecer, viendo a una persona superior en experiencia, capacidad y potestad.
Los adolescentes, necesitan ver a sus padres con prestigio, pues la mejor forma de acercar distancias es a través de “la admiración”. También es necesario romper con “tabúes” fomentando la libertad de los mismos a hablar de temas de forma espontánea, sin embargo, no lo olviden, necesitan su intimidad, y es lógico que en ocasiones haya cosas que prefiera no contar, y desde un punto de vista personal, considero que hay otras tantas cosas que a los padres no les gustaría escuchar.
Que los niños se acerquen a los padres y tengan con ellos confianza, depende de la calidad y cantidad de tiempo que se les dedique, no de la informalidad con que se traten.
Finalmente, añado algo que un día escuché y me resultó muy cierto: si quieren ser amigos de sus hijos, dejarán a sus hijos huérfanos.
También es necesario acudir a un proverbio chino que dice “Que mis hijos hasta los diez años me reverencien, hasta los veinte me respeten y hasta la muerte me amen”
Al principio verán a los padres como un ser superior, con una labor minunciosa lograrán que en la adolescencia los vean con admiración, y posteriormente, ya en la adultez, los lazos serán más igualitarios, la confianza habrá crecido, será el momento en el que comprenderán que un padre o madre, también puede ayudar, y no dudarán en recurrir a ellos. Esto es lo más parecido a la amistad, pero todo lleva un proceso, y buscar algo tan tardío en un momento tan inicial, puede resultar en un fracaso completo.