Un hombre iba un día paseando, y se encontró con la lepra.
¿Dónde vas? -. Le dijo este
A matar a 5000 personas-. Contestó la lepra
Tras una semana, el hombre volvió a coincidir con la lepra y le dijo:
Me dijiste que matarías a 5000 personas, y has matado a 180000
La lepra contestó:
Yo maté a 5000, el resto, se murió de miedo
Los seres humanos, como tales, tenemos emociones, y entre ellas, y de la que en este momento se me ocurre hablar, está el miedo. Esa emoción que paraliza, y que puede surgir tanto de un hecho real, como imaginario. Aunque como decía Virginia Woolf (escritora británica) “es mucho más fácil matar a un fantasma que a una realidad”.
Conocemos que el miedo, condiciona nuestros actos, y principalmente cumple una importante labor de supervivencia. Cuando percibimos alguna posible amenaza, como si de un dispositivo se tratase, la actividad de la amígdala situada en el sistema límbico de nuestro cerebro, se pone en marcha.
Los seres humanos, convivimos con el miedo desde hace muchísimos años, y lo toleramos. De hecho todas las sectas, los dioses, así como rituales, se basan en el miedo y en la posibilidad de alcanzar algún estado extraordinario. Podemos distinguir muchísimos tipos de miedo, incalculables quizá, entre ellos se me ocurre desde el miedo a sonreír, pasando por el miedo a arriesgar o a la verdad y acabando por el miedo a morir.
Por lo que a mí respecta, considero que el miedo surge como antecedente del desconocimiento, la duda, o cuando no podemos manipular algo directamente. Yo, sin ir más largo, tengo miedo a la oscuridad, de forma inconsciente tengo miedo a aquello que mis ojos no pueden percibir sin luz, a lo inesperado. Thomas Edison también tenía miedo a la oscuridad, pero él fue mucho más listo, inventó la bombilla. (jeje) Comprendí, que no se trataba de encender la luz para combatir esta emoción, sino de iluminar mi miedo y controlar mi pensamiento, ese instrumento que forma y que transforma, indispensable en nuestra vida.
Alguna vez hemos podido escuchar “yo tengo miedo al miedo” ya que se teme a la próxima emoción negativa, limitando la vida de quien lo piensa. Podemos decir, que este sería un extremo del miedo.
Este es el primer texto que escribo, (Prometo mejorar), pero tengan en cuenta, que en resumidas cuentas, todo aquel que nunca ha tenido miedo, simplemente, es un ser ignorante.
¿Dónde vas? -. Le dijo este
A matar a 5000 personas-. Contestó la lepra
Tras una semana, el hombre volvió a coincidir con la lepra y le dijo:
Me dijiste que matarías a 5000 personas, y has matado a 180000
La lepra contestó:
Yo maté a 5000, el resto, se murió de miedo
Los seres humanos, como tales, tenemos emociones, y entre ellas, y de la que en este momento se me ocurre hablar, está el miedo. Esa emoción que paraliza, y que puede surgir tanto de un hecho real, como imaginario. Aunque como decía Virginia Woolf (escritora británica) “es mucho más fácil matar a un fantasma que a una realidad”.
Conocemos que el miedo, condiciona nuestros actos, y principalmente cumple una importante labor de supervivencia. Cuando percibimos alguna posible amenaza, como si de un dispositivo se tratase, la actividad de la amígdala situada en el sistema límbico de nuestro cerebro, se pone en marcha.
Los seres humanos, convivimos con el miedo desde hace muchísimos años, y lo toleramos. De hecho todas las sectas, los dioses, así como rituales, se basan en el miedo y en la posibilidad de alcanzar algún estado extraordinario. Podemos distinguir muchísimos tipos de miedo, incalculables quizá, entre ellos se me ocurre desde el miedo a sonreír, pasando por el miedo a arriesgar o a la verdad y acabando por el miedo a morir.
Por lo que a mí respecta, considero que el miedo surge como antecedente del desconocimiento, la duda, o cuando no podemos manipular algo directamente. Yo, sin ir más largo, tengo miedo a la oscuridad, de forma inconsciente tengo miedo a aquello que mis ojos no pueden percibir sin luz, a lo inesperado. Thomas Edison también tenía miedo a la oscuridad, pero él fue mucho más listo, inventó la bombilla. (jeje) Comprendí, que no se trataba de encender la luz para combatir esta emoción, sino de iluminar mi miedo y controlar mi pensamiento, ese instrumento que forma y que transforma, indispensable en nuestra vida.
Alguna vez hemos podido escuchar “yo tengo miedo al miedo” ya que se teme a la próxima emoción negativa, limitando la vida de quien lo piensa. Podemos decir, que este sería un extremo del miedo.
Este es el primer texto que escribo, (Prometo mejorar), pero tengan en cuenta, que en resumidas cuentas, todo aquel que nunca ha tenido miedo, simplemente, es un ser ignorante.
Para miedo miedo... el que paso yo cuando dejo caer lentamente el examen de psicobiologia y le doy la vuelta para ver las preguntas que nos ha puesto A.A. Indescriptible oiga
ResponderEliminar¡Enhorabuena por haberte decidido a escribir un blog, espero que nos muestres todo tu talento literario...
"De aquí a algunos años, tendremos viejas de tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordará para que sirven"
ResponderEliminarQué gran verdad,inmejorable esa cita jajajajaj
¿Sabes que la palabra "AMOR" tiene más resultados en Google que la palabra "MIEDO"? (:
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